Reflexiones / Crecimiento personal / Bienestar emocional · Serena

Me Senté Conmigo Misma y Entendí Algo Importante

Resistirnos a cerrar una puerta muchas veces duele. No por el acto de cerrarla en sí, sino por la nostalgia del ciclo al que esa puerta perteneció.

Un ciclo donde la inocencia, la ceguera e incluso el miedo a no pertenecer nos llevó a permitir abusos, malos tratos, exigencias y expectativas que ni siquiera eran nuestras. Pero en aquel momento bastaba con sentirnos parte de algo, aunque fuera a costa de nosotros mismos.

Con el paso del tiempo entendí que no siempre era sentido de pertenencia. Muchas veces era optimismo, inexperiencia o simplemente distracción emocional. Y también la triste realidad de que hay personas que saben aprovecharse de eso.

Por eso aprendí a no aferrarme tanto. A no entregarme ciegamente a personas, actividades o lugares solo por miedo a perderlos. También aprendí a dejar de mirar a los demás con los mismos ojos nobles con los que yo veía todo.

Sigo aprendiendo a decir “no” sin sentir culpa y sin creer que debo justificar cada límite que pongo. Pero sí aprendí a alejarme de quienes solo buscaban obtener algo de mí, de quienes no respetaban mis límites y de quienes, en vez de bienestar, solo traían estrés y desgaste.

Hoy entiendo que cerrar ciclos no siempre significa fracaso o resentimiento. A veces simplemente significa crecimiento.

Y por eso aprendí a decir adiós sin remordimiento. A ver los ciclos como lo que son: temporadas. Algunas hermosas, otras dolorosas, pero todas dejando una lección. Temporadas que quizá un día fueron importantes, pero que no necesariamente estaban destinadas a quedarse para siempre.

Rocío Romero Navarrete